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martes, 10 de febrero de 2015

La Santa Sede publica el Directorio Homilético



La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publica hoy el Directorio Homilético, que se abre con un decreto del cardenal Antonio Cañizares Llovera, Prefecto de ese dicasterio en la fecha de su firma, el 29 de junio de 2014, Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. El texto lleva también la firma del arzobispo Arthur Roche, Secretario del mismo dicasterio.
”Es bastante significativo -escribe el purpurado- que en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, el Papa Francisco haya querido dedicar una parte considerable al tema de la homilía. En este sentido, los Obispos reunidos en Sínodo ya indicaron luces y sombras sobre este tema; del mismo modo lo habían hecho ya precedentemente las Exhortaciones apostólicas post-sinodales Verbum Domini y Sacramentum caritatis de Benedicto XVI.
Teniendo esto presente, así como cuanto dispuesto en la Sacrosanctum Concilum, del mismo modo que en el Magisterio sucesivo, a la luz de los Praenotanda del Ordo lectionum Missae y del Institutio generalis Missalis Romani, ha sido preparado el presente Directorio homilético, que está estructurado en dos partes.
En la primera, titulada La homilía y el ámbito litúrgico, se describe la naturaleza, la función y el contexto, así como algunos aspectos que la caracterizan, es decir el ministro ordenado al que le compete, la referencia a la Palabra de Dios, su preparación próxima y remota, los destinatarios.
En la segunda parte, Ars praedicandi, vienen ejemplificadas las coordenadas metodológicas y de contenido que el homileta tiene que conocer y tener en cuenta cuando prepara y cuando pronuncia la homilía. Se proponen claves de lectura, en modo indicativo y no exhaustivo, para el ciclo dominical-festivo de la Misa a partir del centro del año litúrgico (Triduo y Tiempo Pascual, Cuaresma, Adviento, Navidad, Tiempo durante el año), con alusiones también a las Misas feriales, de matrimonio y exequial; en estos ejemplos se aplican los criterios evidenciados en la primera parte del Directorio, es decir la tipología entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, la importancia del pasaje evangélico, el orden de las lecturas, los nexos entre la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística, el mensaje bíblico y el eucológico, entre la celebración y la vida, entre la escucha de Dios y de la asamblea concreta.
Siguen dos Apéndices. En el primero, con el fin de mostrar la relación entre la homilía y la doctrina de la Iglesia Católica, se señalan las referencias del Catecismo en relación con algunas alusiones temáticas de las lecturas dominicales de los tres ciclos anuales. En el segundo Apéndice vienen indicadas las referencias a los textos de documentos del Magisterio sobre la homilía.
El texto, sometido a la aprobación de los Padres de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, después de haber sido valorado y aprobado en las Reuniónes Ordinarias del 7 de febrero y del 20 de mayo del 2014, ha sido presentado al Santo Padre Francisco, el cual ha aprobado la publicación del ?Directorio homilético?. Esta Congregación se complace en hacerlo público, con el deseo de que la homilía pueda ser ”una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento” (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que ”en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones”. (1Ts 2,4).
Las traducciones a las lenguas principales serán supervisadas por el Dicasterio, mientras que en las demás lenguas la responsabilidad de la traducción será de las Conferencias Episcopales interesadas.
Aunque haya alguna cosa en contra.
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 29 de junio de 2014, solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles”.
http://www.infovaticana.com/2015/02/10/la-santa-sede-publica-el-directorio-homiletico/

domingo, 20 de julio de 2014

El hombre necesita a Cristo... Entrevista con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

El hombre necesita a Cristo porque
tiene deseo del infinito

Entrevista con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe -Cardenal Ratzinger:

ROMA, 16 diciembre 2003 (ZENIT.org).- En su último libro «Fe, verdad, tolerancia - El cristianismo y las religiones del mundo» («Fede, verità, tolleranza - Il cristianesimo e le religioni del mondo», editorial Cantagalli), publicado recientemente en italiano, el cardenal Joseph Ratzinger interviene en los principales temas del momento: la relación entre las religiones, los riesgos del relativismo y el papel que el cristianismo puede jugar.

Son cuestiones que el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe abordó también en una entrevista concedida a Antonio Socci, publicada íntegramente en «Il Giornale» el pasado 26 de noviembre. Por su interés, reproducimos el texto difundido por el diario milanés. 

--Eminencia, hay una idea que se ha afirmado en la alta cultura y en el pensamiento común según la cual las religiones son todas vías que llevan hacia el mismo Dios, de forma que lo mismo vale una que otra. ¿Qué piensa, desde el punto de vista teológico? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Diría que incluso en el plano empírico, histórico, no es cierta esta concepción, muy cómoda para el pensamiento de hoy. Es un reflejo del relativismo difundido, pero la realidad no es ésta porque las religiones no están de una forma estática, una junto a otra, sino que se encuentran en un dinamismo histórico en el que se convierten también en desafíos la una para la otra. Al final, la Verdad es una, Dios es uno, por ello todas estas expresiones tan diferentes, nacidas en diversos momentos históricos, no son equivalentes, sino que son un camino en el que se plantea la cuestión: ¿dónde ir? No se puede decir que son caminos equivalentes porque están en un diálogo interior, y naturalmente me parece evidente que no pueden ser medios de salvación cosas contradictorias: la verdad y la mentira no pueden ser de la misma forma vías de salvación. Por ello, esta idea sencillamente no responde a la realidad de las religiones y no responde a la necesidad del hombre de encontrar una respuesta coherente a sus grandes interrogantes. 

--En varias religiones se reconoce el carácter extraordinario de la figura de Jesús. Parece que no es necesario ser cristiano para venerarlo. ¿Entonces no hay necesidad de la Iglesia? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Ya en el Evangelio encontramos dos posturas posibles referentes a Cristo. El Señor mismo distingue: qué dice la gente y qué decís vosotros. Pregunta qué dicen aquellos que Le conocen de segunda mano, o de manera histórica, literaria, y después qué dicen aquellos que Le conocen de cerca y han entrado realmente en un encuentro verdadero, tienen experiencia de Su verdadera identidad. Esta distinción permanece presente en toda la historia: existe una impresión desde fuera que tiene elementos de verdad. En el Evangelio se ve que algunos dicen: «es un profeta». Así como hoy se dice que Jesús es una gran personalidad religiosa o que hay que contarlo entre los «avataras» --las múltiples manifestaciones de lo divino--. Pero los que han entrado en comunión con Jesús reconocen que existe otra realidad, es Dios presente en un hombre. 

--¿No es comparable con las otras grandes personalidades de las religiones? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Son muy distintas unas de otras. Buda, en sustancia, dice: «Olvidadme, id sólo sobre el camino que he mostrado». Mahoma afirma: «El señor Dios me ha dado estas palabras que verbalmente os transmito en el Corán». Y así. Pero Jesús no entra en esta categoría de personalidades ya visible e históricamente diferentes. Menos aún es uno de los «avataras», en el sentido de los mitos de la religión hinduista. 

--¿Por qué? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Es una realidad del todo distinta. Pertenece a una historia, que comienza desde Abraham, en la cual Dios muestra su rostro, Dios se revela como una persona que sabe hablar y responder. Y este rostro de Dios, de un Dios que es persona y actúa en la historia, encuentra su cumplimiento en el instante en que Dios mismo, haciéndose hombre Él mismo, entra en el templo. Por lo tanto, incluso históricamente, no se puede asimilar a Jesucristo con las diversas personalidades religiosas o con las visiones mitológicas orientales. 

--Para la mentalidad común, esta «pretensión» de la Iglesia –que proclama a «Cristo, única salvación»-- es arrogancia doctrinal. 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Puedo entender los motivos de esta moderna visión que se opone a la unicidad de Cristo, y comprendo también una cierta modestia de algunos católicos para los cuales «nosotros no podemos decir que tenemos una cosa mejor que los demás». Además, existe también la herida del colonialismo, período durante el cual algunos poderes europeos, en función de su poder mundial, instrumentalizaron el cristianismo. Estas heridas han permanecido en la conciencia cristiana, pero no deben impedirnos ver lo esencial. Porque el abuso del pasado no debe impedir la comprensión recta. El colonialismo –y el cristianismo como instrumento de poder— es un abuso. Pero el hecho de que se haya abusado de ello no debe cerrar nuestros ojos frente a la realidad de la unicidad de Cristo. Sobre todo debemos reconocer que el Cristianismo no es una invención nuestra europea, no es un producto nuestro. Es siempre un desafío que viene de fuera de Europa: al principio, vino de Asia, como bien sabemos. Y se encontró inmediatamente en contraste con la sensibilidad dominante. Aunque después Europa fue cristianizada, siempre quedó esta lucha entre las propias pretensiones particulares, entre las tendencias europeas, y la novedad siempre nueva de la Palabra de Dios que se opone a estos exclusivismos y abre a la verdadera universalidad. En este sentido, me parece que debemos redescubrir que el cristianismo no es una propiedad europea. 

--¿El cristianismo contrasta también hoy con la tendencia al cerramiento que hay en Europa? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: El cristianismo es siempre algo que viene realmente de fuera, de un acontecimiento divino que nos transforma y se opone incluso a nuestras pretensiones y a nuestros valores. El Señor cambia siempre nuestras pretensiones y abre nuestros corazones a Su universalidad. Me parece muy significativo que en este momento el Occidente europeo sea la parte del mundo más opuesta al cristianismo, precisamente porque el espíritu europeo se ha autonomizado y no quiere aceptar que haya una Palabra divina que le muestre un camino que no siempre es cómodo. 

--Evocando a Dostoevskij, me pregunto si un hombre moderno puede creer, creer verdaderamente que Jesús de Nazaret es Dios hecho hombre. Se percibe como un absurdo. 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Cierto; para un hombre moderno es una cosa casi impensable, un poco absurda y fácilmente se atribuye a un pensamiento mitológico de un tiempo pasado que ya no es aceptable. La distancia histórica hace más difícil pensar que un individuo que vivió en un tiempo lejano pueda estar ahora presente, para mí, y que sea la repuesta a mis preguntas. 

Me parece importante observar que Cristo no es un individuo del pasado lejano a mí, sino que ha creado un camino de luz que invade la historia empezando por los primeros mártires, con estos testigos que transforman el pensamiento humano, ven la dignidad humana del esclavo, se ocupan de los pobres, de los que sufren y llevan así una novedad en el mundo también con el propio sufrimiento. Con esos grandes doctores que transforman la sabiduría de los griegos, de los latinos, en una nueva visión del mundo inspirada justamente por Cristo, que encuentra en Cristo la luz para interpretar el mundo, con figuras como San Francisco de Asís, que ha creado el nuevo humanismo. O figuras también de nuestro tiempo: pensemos en Madre Teresa, Maximiliano Kolbe... 

Es un ininterrumpido camino de luz que hace camino en la historia y una ininterrumpida presencia de Cristo, y me parece que este hecho –que Cristo no se ha quedado en el pasado, sino que ha sido siempre contemporáneo con todas las generaciones y ha creado una nueva historia, una nueva luz en la historia, en la cual está presente y siempre contemporáneo— hace entender que no se trata de cualquiera grande en la historia, sino de una realidad verdaderamente Otra, que lleva siempre luz. Así, asociándose a esta historia, uno entra en un contexto de luz, no se pone en relación con una persona lejana, sino con una realidad presente. 

--¿Por qué, en su opinión, un hombre del 2003 necesita a Cristo? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Es fácil advertir que las cosas que proporciona sólo un mundo material o incluso intelectual no responden a la necesidad más profunda, más radical que existe en todo hombre: porque el hombre tiene el deseo –como dicen los Padres— del infinito. Me parece que precisamente nuestro tiempo, con sus contradicciones, sus desesperaciones, su masivo refugiarse en callejones como la droga, manifiesta visiblemente esta sed del infinito, y sólo un amor infinito que sin embargo entra en la finitud, y se convierte directamente en un hombre como yo, es la respuesta.

Es ciertamente una paradoja que Dios, el inmenso, haya entrado en el mundo finito como una persona humana. Pero es precisamente la respuesta de la que tenemos necesidad: una respuesta infinita que, sin embargo, se hace aceptable y accesible, para mí, «acabando» en una persona humana que, con todo, es el infinito. Es la respuesta de la cual se tiene necesidad: casi se debería inventar si no existiera... 


jueves, 3 de julio de 2014

¡POBRE IGLESIA! Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de San Cristóbal de las Casas

¡POBRE IGLESIA!


de Felipe Arizmendi Esquivel 

Obispo de San Cristóbal de las Casas



VER

Es frecuente enterarse de escándalos y malas acciones de quienes ocupan algún cargo en la institución eclesial: Sacerdotes pederastas, mundanos, comodinos, mal encarados, interesados en el dinero, caciques, infieles en el celibato; un Nuncio reducido al estado laical; o servidores en las oficinas parroquiales que tratan mal a las personas, que sólo exigen papeles y trámites burocráticos, y por ello disminuyen los católicos, o se alejan, etc. Nos dan vergüenza estos y otros hechos, que son inocultables. El que se difundan en los medios de comunicación no siempre refleja una campaña de difamación contra la Iglesia, sino es algo que está mal entre nosotros y que nos urge a una renovación personal e institucional. Hay pecados en la Iglesia. 

Por otra parte, es muy alentador y consolador convivir con hermanos que desgastan su vida en muchos servicios evangelizadores. Pueden no tener muchos estudios, pero tienen un corazón noble y generoso, están dispuestos a dar su tiempo y sus pocos recursos para que la Iglesia se haga presente en muchos ambientes. Es una Iglesia de los pobres, que son su orgullo y esperanza. 

Hemos realizado el segundo retiro espiritual para promover misioneros en las periferias, con 84 participantes de Bachajón y Chilón, algunos de ellos mestizos y la mayoría tseltales. Aunque todos ya dan algún servicio evangelizador, manifestaron su disposición para hacer llegar el amor de Dios a ambientes a los que de ordinario no llegamos. Esta es la Iglesia que no aparece en la televisión, pero que es la más real y mayoritaria.

PENSAR
Jesucristo no escogió ángeles para continuar su servicio salvífico, sino seres humanos frágiles y pecadores. Es el caso de Pedro y Pablo, así como de los demás apóstoles. Se reconocen indignos de la vocación a que son llamados. La Biblia nos narra con toda humildad sus fragilidades, sus errores y pecados; no los diviniza. Pero Jesucristo advierte claramente que la Iglesia es obra suya, y que los poderes del pecado no la destruirán. Esto nos alienta y nos sostiene. Aunque los sacerdotes y obispos fallemos, Jesucristo es el cimiento de la fe de los creyentes. Los ministros nos pueden decepcionar y desalentar, pero nuestra fe está centrada y cimentada en el Señor. Nuestro único Salvador es Jesús.

El Papa Francisco, siendo muy realista con los pecados eclesiales, nos alienta con estas palabras: Siento una enorme gratitud por la tarea de todos los que trabajan en la Iglesia. No quiero detenerme ahora a exponer las actividades de los diversos agentes pastorales, desde los obispos hasta el más sencillo y desconocido de los servicios eclesiales. Pero tengo que decir que el aporte de la Iglesia en el mundo actual es enorme. Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre. Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más” (EG 76).

ACTUAR
Tú, que eres parte de esta nuestra Iglesia, pregúntate si con tu vida eres una vergüenza para tu madre que te engendró a la vida de Dios, o eres motivo de sano orgullo y esperanza. La Iglesia no es sólo la jerarquía, sino todos los bautizados. Y de cada uno depende que la Iglesia sea una presencia viva de Jesús, una cercanía amorosa y respetuosa del Padre hacia los que sufren, una fuerza dinamizadora de la pastoral en tu parroquia o comunidad. No pongas como pretexto para tu comodidad y egoísmo apostólico los malos testimonios de los pastores. Pide al Espíritu que tu fe sea adulta.

http://www.cem.org.mx/articulos/1671-pobre-iglesia-arismendi-esquivel-escandalos-malas-acciones-cem.html

jueves, 26 de junio de 2014

El primer Catecismo de la Iglesia, la Didaché

El primer Catecismo de la Iglesia

La Didaché o Enseñanza de los Apóstoles


Enseñanza del Señor transmitida por los Doce Apóstoles a la Iglesia, se concentra en un documento que posiblemente fue redactada hacia los años 50, aunque hay quienes la fechan hacia la década de los 70.

Leer este documento nos da la impresión de escuchar a Pedro, a Juan o cualquiera de los Apóstoles enseñando, dando indicaciones de qué y cómo hacer, cómo el amor al prójimo, cómo vivir los sacramentos, las primeras formulas litúrgicas, compartir con los más necesitados.

Descubierto en 1873 en Macedonia, cerca de Constantinopla y publicado en 1883 para toda la Iglesia.

La Didaché habla a las primeras comunidades cristianas más primitivas. Casi no habla de Cristo porque el anuncio de Cristo ya se había hecho y la Didaché supone que los oyentes conocen el Evangelio, de otro modo no entenderían su enseñanza moral.

PRIMERA PARTE

El Catecismo o los «Dos caminos»

I. Existen dos caminos, entre los cuales, hay gran diferencia; el que conduce a la vida y el que lleva a la muerte. He aquí el camino de la vida: en primer lugar, Amarás a Dios que te ha creado; y en segundo lugar, amarás a tu prójimo como a ti mismo; es decir, que no harás a otro, lo que no quisieras que se hiciera contigo. He aquí la doctrina contenida en estas palabras: Bendecid a los que os maldicen, rogad por vuestros enemigos, ayunad para los que os persiguen. Si amáis a los que os aman, ¿qué gratitud mereceréis? Lo mismo hacen los paganos. Al contrario, amad a los que os odian, y no tendréis ya enemigos. Absteneos de los deseos carnales y mundanos. Si alguien te abofeteare en la mejilla derecha, vuélvele también la otra, y entonces serás perfecto. Si alguien te pidiere que le acompañes una milla, ve con él dos. Si alguien quisiere tomar tu capa, déjale también la túnica. Si alguno se apropia de algo que te pertenezca, no se lo vuelvas a pedir, porque no puedes hacerlo. Debes dar a cualquiera que te pida, y no reclamar nada, puesto que el Padre quiere que los bienes recibidos de su propia gracia, sean distribuidos entre todos. Dichoso aquel que da conforme al mandamiento; el tal, será sin falta. Desdichado del que reciba. Si alguno recibe algo estando en la necesidad, no se hace acreedor a reproche ninguno; pero aquel que acepta alguna cosa sin necesitarlo, dará cuenta de lo que ha recibido y del uso que ha hecho de la limosna. Encarcelado, sufrirá interrogatorio por sus actos, y no será liberado hasta que haya pasado el último maravedi. Es con este motivo, que ha sido dicho: «¡Antes de dar limosna, déjala sudar en las manos, hasta que sepas a quien la das!»

II. He aquí el segundo precepto de la Doctrina: No matarás; no cometerás adulterio; no prostituirás a los niños, ni los inducirás al vicio; no robarás; no te entregarás a la magia, ni a la brujería; no harás abortar a la criatura engendrada en la orgía, y después de nacida no la harás morir. No desearás los bienes de tu prójimo, ni perjurarás, ni dirás falso testimonio; no serás maldiciente, ni rencoroso; no usarás de doblez ni en tus palabras, ni en tus pensamientos, puesto que la falsía es un lazo de muerte. Que tus palabras, no sean ni vanas, ni mentirosas. No seas raptor, ni hipócrita, ni malicioso, ni dado al orgullo, ni a la concupiscencia. No prestes atención a lo que se diga de tu prójimo. No aborrezcas a nadie; reprende a unos, ora por los otros, y a los demás, guíales con más solicitud que a tu propia alma.

III. Hijo mío: aléjate del mal y de toda apariencia de mal. No te dejes arrastrar por la ira, porque la ira conduce al asesinato. Ni tengas celos, ni seas pendenciero, ni irascible; porque todas estas pasiones engendran los homicidios. Hijo mío, no te dejes inducir por la concupiscencia, porque lleva a la fornicación. Evita las palabras deshonestas y las miradas provocativas, puesto que de ambos proceden los adulterios. Hijo mío, no consultes a los agoreros, puesto que conducen a la idolatría. Hijo mío, no seas mentiroso, porque la mentira lleva al robo; ni seas avaro, ni ames la vanagloria, porque todas estas pasiones incitan al robo. Hijo mío, no murmures, porque la murmuración lleva a la blasfemia; ni seas altanero ni malévolo, porque de ambos pecados nacen las blasfemias. Sé humilde, porque los humildes heredarán la tierra. Sé magnánimo y misericordioso, sin malicia, pacífico y bueno, poniendo en práctica las enseñanzas que has recibido. No te enorgullezcas, ni dejes que la presunción se apodere de tu alma. No te acompañes con los orgullosos, sino con los justos y los humildes. Acepta con gratitud las pruebas que sobrevinieren, recordando que nada nos sucede sin la voluntad de Dios.

IV. Hijo mío, acuérdate de día y de noche, del que te anuncia la palabra de Dios; hónrale como al Señor, puesto que donde se anuncia la palabra, allí está el Señor. Busca constantemente la compañía de los santos, para que seas reconfortado con sus consejos. Evita fomentar las disensiones, y procura la paz entre los adversarios. Juzga con justicia, y cuando reprendas a tus hermanos a causa de sus faltas, no hagas diferencias entre personas. No tengas respecto de si Dios cumplirá o no sus promesas. Ni tiendas la mano para recibir, ni la tengas cerrada cuando se trate de dar. Si posees algunos bienes como fruto de tu trabajo, no pagarás el rescate de tus pecados. No estés indeciso cuando se trate de dar, ni regañes al dar algo, porque conoces al dispensador de la recompensa. No vuelvas la espalda al indigente; reparte lo que tienes con tu hermano, y no digas que lo tuyo te pertenece, porque si las cosas inmortales os son comunes, ¿con cuánta mayor razón deberá serlo lo perecedero? No dejes de la mano la educación de tu hijo o de tu hija: desde su infancia enséñales el temor de Dios. A tu esclavo, ni a tu criada mandes con aspereza, puesto que confían en el mismo Dios, para que no pierdan el temor del Señor, que está por encima del amo y del esclavo, porque en su llamamiento no hace diferencia en las personas, sino viene sobre aquellos que el Espíritu ha preparado. En cuanto a vosotros, esclavos, someteos a vuestros amos con temor y humildad, como si fueran la imagen de Dios. Aborrecerás toda clase de hipocresía y todo lo que desagrade al Señor. No descuides los preceptos del Señor, y guarda cuanto has recibido, sin añadir ni quitar. Confesarás tus faltas a la iglesia y te guardarás de ir a la oración con mala conciencia. Tal es el camino de la vida.

V. He aquí el camino que conduce a la muerte: ante todo has de saber que es un camino malo, que está lleno de maldiciones. Su término es el asesinato, los adulterios, la codicia, la fornicación, el robo, la idolatría, la práctica de la magia y de la brujería. El rapto, el falso testimonio, la hipocresía, la doblez, el fraude; la arrogancia, la maldad, la desvergüenza; la concupiscencia, el lenguaje obsceno, la envidia, la presunción, el orgullo, la fanfarronería. Esta es la senda en la que andan los que persiguen a los buenos; los enemigos de la verdad, los amadores de la mentira, los que desconocen la recompensa de la justicia; los que no se apegan al bien, ni al justo juicio; los que se desvelan por hacer el mal y no el bien; los vanidosos, aquellos que están muy alejados de la suavidad y de la paciencia; que buscan retribución a sus actos, que no tienen piedad del pobre, ni compasión del que está trabajando y cargado, quie ni siquiera tienen conocimiento de su Creador. Los asesinos de niños, los corruptores de la obra de Dios, que desvían al pobre, oprimen al afligido; que son los defensores del rico y los jueces inicuos del pobre; en una palabra, son hombres capaces de toda maldad. Hijos míos, alejaos de los tales.

VI. Ten cuidado que nadie pueda alejarte del camino de la doctrina, porque tales enseñanzas no serían agradables a Dios. Si pudieses llevar todo el yugo del Señor, serás perfecto; sino has lo que pudieres. Debes abstenerte, sobre todo, de carnes sacrificadas a los ídolos, que es el culto ofrecido a dioses muertos.

SEGUNDA PARTE

De la Liturgia y de la Disciplina

VII. En cuanto al bautismo, he aquí como hay que administrarle: Después de haber enseñado los anteriores preceptos, bautizad en el agua viva, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Si no pudiere ser en el agua viva, puedes utilizar otra; si no pudieres hacerlo con agua fría, puedes servirte de agua caliente; si no tuvieres a mano ni una ni otra, echa tres veces agua sobre la cabeza, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Antes del bautismo, debe procurarse que el que lo administra, el que va a ser bautizado, y otras personas, si pudiere ser, ayunen. Al neófito, le harás ayunar uno o dos días antes.

VIII. Es preciso que vuestros ayunos no sean parecidos a los de los hipócritas,puesto que ellos ayunan el segundo y quinto día de cada semana. En cambio vosotros ayunaréis el día cuatro y la víspera del sábado. No hagáis tampoco oración como los hipócritas, sino como el Señor lo ha mandado en su Evangelio. Vosotros oraréis así:

«Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra deuda como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos induzcas en tentación, sinó líbranos del mal, porque tuyo es el poder y la gloria por todos los siglos.»

Orad así tres veces al día.

IX. En lo concerniente a la eucaristía, dad gracias de esta manera. Al tomar la copa, decid:

«Te damos gracias, oh Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, que nos ha dado a conocer por Jesús, tu servidor. A tí sea la gloria por los siglos de los siglos.»

Y después del partimiento del pan, decid:

«¡Padre nuestro! Te damos gracias por la vida y por el conocimiento que nos has revelado por tu siervo, Jesús. ¡A Tí sea la gloria por los siglos de los siglos! De la misma manera que este pan que partimos, estaba esparcido por las altas colinas, y ha sido juntado, te suplicamos, que de todas las extremidades de la tierra, reunas a ti Iglesia en tu reino, porque te pertenece la gloria y el poder (que ejerces) por Jesucristo, en los siglos de los siglos.»

Que nadie coma ni bebe de esta eucaristía, sin haber sido antes bautizado en el nombre del Señor; puesto que el mismo dice sobre el particular: «No déis lo santo a los perros.»

X. Cuando estéis saciados (de la ágapa), dad gracias de la manera siguiente:

«¡Padre santo! Te damos gracias por Tu santo nombre que nos has hecho habitar en nuestros corazones, y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has revelado por Jesucristo, tu servidor. A ti sea la gloria por los siglos de los siglos. ¡Dueño Todopoderoso! que a causa de Tu nombre has creado todo cuanto existe, y que dejas gozar a los hombres del alimento y la bebida, para que te den gracias por ello. A nosotros, por medio de tu servidor, nos has hecho la gracia de un alimento y de una bebida espirituales y de la vida eterna. Ante todo, te damos gracias por tu poder. A Ti sea la gloria por los siglos de los siglos. ¡Señor! Acuérdate de tu iglesia, para librarla de todo mal y para completarla en tu amor. ¡Reúnela de los cuatro vientos del cielo, porque ha sido santificada para el reino que le has preparado; porque a Ti solo pertenece el poder y la gloria por los siglos de los siglos!»

¡Ya que este mundo pasa, te pedimos que tu gracia venga sobre nosotros! ¡Hosanna al hijo de David! El que sea santificado, que se acerque, sinó que haga penitencia. Maran atha ¡Amén! Permitid que los profetas den las gracias libremente.

XI. Si alguien viniese de fuera para enseñaros todo esto, recibidle. Pero si resultare ser un doctor extraviado, que os dé otras enseñanzas para destruir vuestra fe, no le oigáis. Si por el contrario, se propusiese haceros regresar en la senda de la justicia y del conocimiento del Señor, recibidle como recibiríais al Señor. Ved ahí como según los preceptos del Evangelio debéis portaros con los apóstoles y profetas. Recibid en nombre del Señor alos apóstoles que os visitaren, en tanto permanecieren un día o dos entre vosotros: el que se quedare durante tres días, es un falso profeta. Al salir el apóstol, debéis proveerle de pan para que pueda ir a la ciudad donde se dirija: si pide dinero, es un falso profeta. Al profeta que hablare por el espíritu, no le juzgaréis, ni examinaréis; porque todo pecado será perdonado, menos éste. Todos los que hablan por el espíritu; no son profetas, solo lo son, los que siguen el ejemplo del Señor. Por su conducta, podéis distinguir al verdadero y al falso profeta. El profeta, que hablando por el espíritu, ordenare la mesa y comiere de ella, es un falso profeta. El profeta que enseñare la verdad, pero no hiciere lo que enseña, es un falso profeta. El profeta que fuere probado ser verdadero, y ejercita su cuerpo para el misterio terrestre de la Iglesia, y que no obligare a otros a practicar su ascetismo, no le juzguéis, porque Dios es su juez: lo mismo hicieron los antiguos profetas. Si alguien, hablando por el espíritu, os pidiere dinero u otra cosa, no le hagáis caso; pero si aconseja se dé a los pobres, no le juzguéis.

XII. A todo el que fuere a vosotros en nombre del Señor, recibidle, y probadle después para conocerle, puesto que debéis tener suficiente criterio para conocer a los que son de la derecha y los que pertenecen a la izquierda. Si el que viniere a vosotros, fuere un pobre viajero, socorredle cuanto podáis; pero no debe quedarse en vuestra casa más de dos o tres días. Si quisiere permanecer entre vosotros como artista, que trabaje para comer; si no tuviese oficio ninguno, procurad según vuestra prudencia a que no quede entre vosotros ningún cristiano ocioso. Si no quisiere hacer esto, es un negociante del cristianismo, del cual os alejaréis.

XIII. El verdadero profeta, que quisiere fijar su residencia entre vosotros, es digno del sustento; porque un doctor verdadero, es también un artista, y por tanto digno de su alimento. Tomarás tus primicias de la era y el lagar, de los bueyes y de las cabras y se las darás a los profetas, porque ellos son vuestros grandes sacerdotes. Al preparar una hornada de pan, toma las primicias, y dalas según el precepto. Lo mismo harás al empezar una vasija de vino o de aceite, cuyas primicias destinarás a los profetas. En lo concerniente a tu dinero, tus bienes y tus vestidos, señala tú mismo las primicias y haz según el precepto.

XIV. Cuando os reuniéreis en el domingo del Señor, partid el pan, y para que el sacrificio sea puro, dad gracias después de haber confesado vuestros pecados. El que de entre vosotros estuviere enemistado con su amigo, que se aleje de la asamblea hasta que se haya reconciliado con él, a fin de no profanar vuestro sacrificio. He aquí las propias palabras del Señor: «En todo tiempo y lugar me traeréis una víctima pura, porque soy el gran Rey, dice el Señor, y entre los pueblos paganos, mi nombre es admirable.»

XV. Para el cargo de obispos y diáconos del Señor, eligiréis a hombres humildes, desinteresados, veraces y probados, porque también hacen el oficio de profetas y doctores. No les menospreciéis, puesto que son vuestros dignatarios, juntamente con vuestros profetas y doctores. Amonestaos unos a otros, según los preceptos del Evangelio, en paz y no con ira. Que nadie hable al que pecare contra su prójimo, y no se le tenga ninguna consideración entre vosotros, hasta que se arrepienta. Haced vuestras oraciones, vuestras limosnas y todo cuanto hiciéreis, según los preceptos dados en el Evangelio de nuestro Señor.

XVI. Velad por vuestra vida; procurando que estén ceñidos vuestros lomos y vuestras lámparas encendidas, y estad dispuestos, porque no sabéis la hora en que vendrá el Señor. Reuníos a menudo para buscar lo que convenga a vuestras almas, porque de nada os servirá el tiempo que habéis profesado la fe, si no fuéreis hallados perfectos el último día. Porque en los últimos tiempos abundarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se transformarán en lobos, y el amor se cambiará en odio. Habiendo aumentado la iniquidad, crecerá el odio de unos contra otros, se perseguirán mutuamente y se entregarán unos a otros. Entonces es cuando el Seductor del mundo hará su aparición y titulándose el Hijo de Dios, hará señales y prodigios; la tierra le será entregada y cometerá tales maldades como no han sido vistas desde el principio. Los humanos serán sometidos a la prueba del fuego; muchos perecerán escandalizados; pero los que perseverarán en la fe, serán salvos de esta maldición. Entonces aparecerán las señales de la verdad. Primeramente será desplegada la señal en el cielo, después la de la trompeta, y en tercer lugar la resurrección de los muertos, según se ha dicho: «El Señor vendrá con todos sus santos» ¡Entonces el mundo verá al Señor viniendo en las nubes del cielo!


Fuente: Historia de la Iglesia Primitiva, por E. Backhouse y C. Tylor. Editorial CLIE

domingo, 22 de junio de 2014

Dios a la carta: Espiritualidad y mística actual

Dios a la carta

Mística y espiritualidad


La realidad que vive el mundo actual, pareciera que se ha convertido en un gran menú en el cual puedo escoger al antojo la experiencia que quiero tener, convirtiendo la libertad en un acto de autosatisfacción muy lejana de la autorrealización.

Esta mal entendida libertad individual, de la que se derivan muchas ideas que simplemente se reducen a una opinión, que en algunos casos puede ser muy valiosa, pero que solo es eso, y que nos delimita al grado de estar en un relativismo total: “todos los valores, culturas o creencias son válidos en tanto que me son útiles y sólo durante el tiempo que me son útiles. Siempre pueden ser cambiados, abandonados o recuperados”.

Los fenómenos externos, religiosos, culturales, políticos y económicos, van permeando este proceso, cayendo en sincretismos que llegan a la vulgaridad y extravagancia que lejos de motivar una identidad propia, parece un recorte de muchos periódicos y revistas.

La necesidad de sentirse vivo, ha hecho que caigamos en verdaderos extremos donde la dignidad humana es lo último que nos preocupa, haciendo una amalgama de pensamientos, ideologías, sentimientos, religiones y experiencias pseudo religiosas, que lejos de fortalecernos debilitan y fragmentan convirtiéndonos en esclavos de nosotros mismos.

Uniendo ideas tan contrarias y opuestas entre sí en el que solo se busca el bienestar del individuo (físico, psicológico y emocional) pero no como un desarrollo humano trascendente, sino como algo momentáneo y pasajero que cuando se nos pide algo que no nos gusta o agrada simplemente lo cambiamos, la manera más simple de vivir el utilitarismo.

La sensación de sentirme bien es superada por el hacer el bien, y disfrazamos el compromiso social con actitudes que en el fondo tiene egoísmo y protagonismos donde usamos al prójimo para retratarnos cuando hacemos nuestra buena obra o retratamos nuestra imagen como símbolo de bienestar haciendo un cóctel de esoterismo, astrología, pseudociencias, dietas de adelgazamiento, técnicas orientales, psicoterapias timadoras, y rollos de superación personal que solo miran el momento, no el destino final del hombre.
 
Queremos leer o interpretar los acontecimientos del mundo bajo ópticas muy variadas, algunas con vidrios muy amarillos o rojizos, queriendo justificar por un supuesto destino que tiene todo puesto en el cual somos títeres de alguien más y que fácilmente culpamos a Dios, reduciéndolo a nuestras necesidades  y miserias, al que tengo que decirle qué y cómo hacer, porque parece que ya se olvido de cómo ser Dios y de todo eso malo él es el único responsable.

Las experiencias de malestar se ha convertido para muchos en una permanente, presionados por las estructuras deshumanizantes, las noticias muestran muchas razones que generan más desánimo, creando miedo, odios, venganzas y rencores que van dañando nuestra relación con los demás y complican nuestras relaciones interpersonales.

Es lamentable que cada día menos personas quieran comprometerse con el otro, en relaciones estables, en vínculos de vida que nos ayuden a perfeccionar y crecer como personas, recordando que esta vida no es nuestro destino final.

La vocación es el llamado a perfeccionarnos con los vínculos que generamos con los que nos rodean, un sacerdote o religiosa se perfecciona al entregar su vida por la Iglesia, por su comunidad, al hacer presente el Evangelio, llevar la buena nueva a los mas necesitado, cualquier actitud diferente a esta tarea, es contra el mismo, una pareja se perfecciona al entregarse y vivir el compromiso del amor, así como Dios ama a la Iglesia y ese amor engendra, así el amor conyugal.

La crítica se ha convertido en burla, en ofensa que no responsabiliza ni muestra el compromiso de vida, ni alienta a mejorar. Es triste ver como las redes sociales juegan con la distorsión de la verdad, con una imagen, divide más que enriquecer.

Parece que la dinámica actual es la descalificación del otro que no es como yo, eliminar sin propuesta, esperar el error ajeno que debilita y que no genera cosas positivas, proyectos, investigación, creatividad que desarrolla, y sea innovadora.

En esta realidad es donde encontramos inmersa la espiritualidad y mística, en que la rapidez de los medios de comunicación abruma y no dan paso a la reflexión, donde la exhibición  es justificada, mostrar sin pensar en las consecuencias.

Ante este marco debemos de reconocer la posibilidad de vivir una espiritualidad comprometida, purificada de los elementos que la distorsionan, evitando sincretismos religiosos, fortaleciendo todas las áreas de nuestra vida.

Me preguntaba una persona si la Iglesia no tiene libros de superación personal, la respuesta es que no lo hay de modo literal, pero sin lugar a dudas el Evangelio es la superación máxima del hombre, el ejercicio de las virtudes nos identifica y perfeccionan haciendo que experimentemos nuestras propias capacidades y replantemos metas diferentes.

Una mística es la experiencia y vivencia del misterio, el momento personal y único en que experimentamos a Dios, y a pesar de ser individual, tiene un elemento comunitario que alienta y fortalece.

Ejemplos de esto lo encontramos en muchos hombres y mujeres que teniendo una experiencia personal mística- redefinen su entorno, una actualización de nuestra relación con Dios generando una espiritualidad que abarca todas las áreas del hombre, físicas, afectivas, materiales y sociales.

Digámoslo más simple: la mística responde con el compromiso de haber tenido una experiencia personal con Dios, la espiritualidad es la unidad de esta experiencia en todas las áreas y momentos de la vida de conversión.

Si pensamos que la espiritualidad es tener de memoria muchas oraciones y actos piadosos, posiblemente no hemos entendido nada, cuando en realidad nos debe mover a vincularnos con todos los que nos rodean, este elemento puede es esencial de una experiencia plena de Dios.

Si alguna persona siente rivalidad con otra espiritualidad, posiblemente no sea real, lo mismo que pasa en los movimientos y asociaciones en la Iglesia, no pueden tener diferencias entre ellas, ya que responden a realidades diferentes, sea para matrimonios, jóvenes, adultos, solteros, niños, etc.

Si nos preocupamos como pasó en el evangelio con los discípulos pensando quien es el más importante, posiblemente estemos perdiendo de vista toda nuestra razón de ser:
-"¿De qué discutíais por el camino?" Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: "Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos." -(Mc 9, 33-35)

Parece simple, ser el servidor, sin vanidades, sin egoísmos, sin soberbias de por medio, seria tan absurdo como decir que una madre da de comer a sus hijos para que los vecinos la feliciten, o pensar que un sacerdote celebra los sacramentos pensando en el aplauso.

Vivir una espiritualidad es tener la certeza de que actuamos conforme a lo que Dios nos pide en una realidad determinada, como quien sirve en un hospital, o en un orfanato, lo mismo que en su familia con sus hijos y hermanos. Hacer lo que nos toca, con amor, alegría, sencillez y humildad de corazón.

La mística es esa experiencia personal con Dios, y se puede tener de muchas formas, algunos la tienen en un retiro, o en un momento difícil en la vida y lo experimentan, por lo que vivir un momento personal con Dios revela su amor de Padre.

La Iglesia tiene grandes ejemplos que a pesar de las limitaciones humanas después de tener la experiencia hay un cambio, conversión, renovación, actualización de la vida, los santos son un ejemplo de esto, después de vivir de cierta manera, tienen su experiencia de Dios y cambian “metanoia”  que se traduce del griego como cambio de mente, conversión, y nunca se contrapone con otra vivencia mística o de Dios.

No podría imaginar a san Francisco pensando que es mejor su espiritualidad a la de san Benito, o san Ignacio  de Loyola peleando con san Juan de la Cruz. Cada místico tiene una experiencia personal que se une a la Iglesia entera, y responde a un momento determinado de la historia, una circunstancia particular en la que se renueva la Iglesia.

En esta respuesta esta la trascendencia ansiada del hombre, en encontrar a Dios en la actualidad, en el pedacito de mundo que nos ha sido confiado, y del cual nos pedirán cuentas.

La espiritualidad no es algo teórico, más bien es algo que compromete todas las dimensiones de la existencia: Identidad, conciencia, actitudes, relaciones, escala de valores, lo contrario en muchos casos seria reducirla a solo memorizar oraciones sin comprender lo que implica el ejercicio de las virtudes.

Si tenemos la vivencia de Dios en nuestras vidas, podemos caminar bajo la asistencia del Espíritu Santo que nos alienta a seguir, a pesar de que podamos caer en el error, si tenemos la humildad podremos retomar el camino con el seguimiento de Cristo, los valores evangélicos, la eclesialidad, la vivencia sacramental, lo contrario es caminar bajo nuestras propias fuerzas, con nuestras limitaciones humanas, bajo una racionalidad influenciada y condicionada por el miedo que lejos de nutrir, nos debilita.

Los retos son muchos, las realidades nos presentan situaciones complejas, difíciles, incluso dolorosas, donde todos los sectores de la sociedad están metidos, directa o indirectamente, sea política, cultura, sociedad, religión, economía, en los que debemos comprometernos y responder.

Cada santo logró descubrir esto en su vida, en la sociedad en la que le toco vivir y responder, transformarla, encontrar a Cristo en el enfermo, en el que sufre, en el abandonado, haciendo vida el Evangelio con las obras de misericordia.

Es curioso como algunas personas le dan mayor peso a las palabras de líderes de otras religiones o filosofías orientales, sin conocer de fondo la riqueza que tenemos en nuestra propia fe,  la profundidad del Evangelio, el sabor que cada santo descubre al hacerlo vida, tener el alimento justo y necesario, es una forma de desprecio por algo más barato.

Mística y espiritualidad están unidas en la actualización de nuestras vidas en el encuentro con Dios, sin mezclas ni amalgamas que solo condicionan nuestra libertad, que nos aferran a este mundo, cuando debemos tener presente que la Iglesia esta viva, y debemos ser heraldos de buenas noticias.

Dejemos que Dios haga su parte, haciendo lo que nos corresponde, y todo estará bien, como lo dice Jesús en el Evangelio: “echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.” (Cfr. Mt. 9, 17b).

Dios está vivo, la Iglesia está viva, y el Espíritu Santo renueva la faz de la tierra, por lo que debemos estar atentos, para reconocer como se manifiesta Dios en nuestras vidas y ¿Cómo debemos responderle, si vivimos la fe, la esperanza y la caridad? o ¿Solo somos un catálogo de fórmulas mágicas o de oraciones sin comprensión?

La oración siempre debe movernos a la acción, de otra forma es estéril, se queda en un buzón de sugerencias y quejas para Dios, vivir una espiritualidad es asumir la parte que nos toca en el mundo y responder con nuestro testimonio de vida, comprometidos y responsables, para que cuando oremos con fuerza, valor y compromiso para ser actores y protagonistas en este mundo tan lastimado y fragmentado.

Carlos Escorza Ortiz

Teólogo

martes, 13 de mayo de 2014

Revista Teológica Sapientia et Fidem suscribirte

Es una revista formada por teólogos que buscando la unidad de la Iglesia comparten temas que pueden ayudar al diálogo,
al estudio y el desarrollo de la teología actual.

Entre otros artículos: 


La Penitenciaria Apostólica ¿Cuándo y Cómo recurrir a ella?
Al ofrecer a los sacerdotes este documento sobre cuándo y cómo recurrir, cuando algún penitente en el sacramento de la penitencia, confiesa que ha cometido un pecado que lleva aneja una pena latae sententiae reservada a la Sede Apostólica. Las más de las veces no se sabe que hacer y comúnmente se envía al  Penitenciario si lo hubiera en la Diócesis o el sacerdote designado por el Obispo en este carácter de Penitenciario para resolver estos asunto. (...)

La santidad: semejanza en la diferencia
La santidad pertenece a Dios y solamente a Dios. Tal es la afirmación que encontramos ya en la Escritura Hebrea: “Yo, YHWH, soy Santo”. Kadosh, la palabra hebrea que hemos traducido por “santo”, significa “separado, diferente”, el sentido de la separación de Dios no es la lejanía, sino el ser totalmente Otro, diverso a lo humano. (...)

Proselitismo Religioso 
La declaración conciliar “Dignitatis humanae” presenta dos principios fundamentales, que están a la base de toda relación con gente de otras creencias religiosas:
-Libertad de conciencia: Todos los seres humanos tienen el derecho y el deber de buscar la verdad según sus propias capacidades. Nadie tiene derecho a imponer a otro una determinada creencia religiosa.
 -Libertad religiosa: Todo ser humano tiene derecho a profesar públicamente su fe; ninguna autoridad tiene derecho a impedírselo.

Del Kérygma a la Didache
La enseñanza cristiana toma toda su forma de la tradición apostólica, de hecho la acción de anunciar el evangelio es un apostolado, un mandato, una misión, y por tanto, acción de difusión del mensaje de la salvación. Durante el desarrollo de los primeros siglos del cristianismo la enseñanza de la fe tomó todos los elementos del mensaje evangélico y generó otras fórmulas de comunicación.

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