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martes, 14 de octubre de 2014

Debate de los Padres Sinodales tras la Relación después de la discusión

Debate de los Padres Sinodales tras la Relación después de la discusión

Ciudad del Vaticano, 14 octubre 2014 (VIS).- Durante la undécima Congregación General tuvo lugar la presentación en el Aula de la "Relatio post disceptationem", leída por el Relator General, el cardenal Peter Erdo.
Poco después, comenzó el debate libre de los Padres Sinodales. En general, la "Relatio post disceptationem" ha sido apreciada por su capacidad de "retratar" adecuadamente las intervenciones de estos días en el Aula, captando el espíritu de la Asamblea y destacando la acogida como tema principal de los trabajos. Del documento, se dice, emerge el amor de la Iglesia por la familia fiel a Cristo, pero también su capacidad de estar cerca del ser humano en cada momento de su vida, de comprender que, detrás de los desafíos pastorales, hay muchas personas que sufren. La mirada del Sínodo -se ha reiterado- tendría que ser la del pastor que da la vida por sus ovejas, no la del que las juzga a priori.
Además, dado que la Relación recoge diversos puntos de vista para proporcionar una base de trabajo a los Círculos menores, se han sugerido algunas ideas adicionales. Por ejemplo, teniendo siempre presente que la Iglesia debe acoger a los que atraviesan por dificultades, sería bueno hablar más de las familias que se mantienen fieles a las enseñanzas del Evangelio, animándolas y dándoles las gracias por el testimonio que ofrecen. Del Sínodo debería emerger más claramente que el matrimonio indisoluble, feliz, fiel para siempre, es hermoso, es posible y está presente en la sociedad, evitando así de centrarse principalmente en las situaciones familiares imperfectas.
También se ha hablado de acentuar más el tema de la mujer, de su tutela y su importancia para la transmisión de la vida y de la fe; de integrar alguna reflexión sobre la figura de los abuelos en el hogar; de incluir una referencia más específica a la familia como "Iglesia doméstica" y a la parroquia como una "familia de familias", así como a la Sagrada Familia, como modelo de referencia. En este contexto, también se ha tratado de cómo valorizar la perspectiva misionera de la familia y de su anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo.
Es necesario profundizar y aclarar la cuestión de la gradualidad, que podría dar origen a una serie de confusiones. Por ejemplo, en cuanto al acceso a los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar, se ha dicho que es difícil aceptar excepciones sin que, en realidad, se conviertan en una regla común.
Asimismo se hizo notar que la palabra "pecado" no está casi presente en la Relatio. Y también se recordó el tono profético de las palabras de Jesús, para evitar el riesgo de conformarse a la mentalidad de este mundo.
En relación a los homosexuales se puso de relieve la necesidad de aceptación, pero con la prudencia adecuada, con el fin de no crear la impresión de una evaluación positiva de esa orientación por parte de la Iglesia. La misma atención se solicitó por cuanto respecta a las convivencias.
Igualmente se apuntó a la necesidad de reiterar la importancia del sacramento del Bautismo que es esencial para comprender plenamente la sacramentalidad del matrimonio y también su ser un "ministerio" en el anuncio del Evangelio.

En cuanto a la agilización de los procedimientos para las causas de nulidad matrimonial, ha suscitado alguna perplejidad la propuesta de dar más competencias al obispo diocesano, cargando así demasiado peso sobre sus hombros. Se ha solicitado una reflexión más profunda y articulada sobre los casos de poligamia - en especial los de aquellos que se convierten y quieren recibir los sacramentos - y sobre la difusión de la pornografía (de forma particular en la web) que representa un riesgo real para la unidad familiar. Por último, en relación con la apertura a la vida por parte de las parejas, se hizo hincapié en la necesidad de abordar con más detalle y decisión no sólo el tema del aborto, sino también el de maternidad subrogada.

martes, 29 de julio de 2014

Las enfermedades de la Iglesia

Las enfermedades de la Iglesia
Urge una nueva Apología de la Iglesia

Carlos Escorza Ortiz


La salud es un interés común de todos, ya sea física, psíquica o espiritual por lo que debemos cuidarla y fortalecer, del  mismo modo que con el cuerpo requerimos una buena alimentación, una buena higiene y el ejercicio necesario, también la Iglesia formada por cada uno de nosotros, necesita nutrición, ejercicio y limpieza.

De lo contrario podemos contraer enfermedades que pueden generar muchos daños, algunos pueden ser heredados y que se convierten en enemigos de la Iglesia y de cada uno de nosotros. Podemos pensar en quienes son estos enemigos que deterioran la fe de la Iglesia, su unidad y misión, será la apología la encargada de ayudarnos en nuestra defensa.

La apología ha generado que se dé una búsqueda de personajes con los que podamos confrontar y en algunos casos llegar a la violencia y daños más allá de una sana intención de salvaguardar la fe.

Debemos reconocer nuestra realidad, como parte de nuestro esfuerzo común y compromiso cristiano, para  responder al plan de Dios de anunciar la Buena Nueva a toda criatura (Cfr. Mc 16, 15), pero para que este anuncio tenga efectividad debemos de reconocer qué o cuáles son los enemigos de la Iglesia, para ser eficaces en la tarea encomendada.

Pensar en un personaje o personajes, puede desatar sentimientos contrarios al Evangelio y que lejos de ayudarnos, nos dividen y conflictua la relación con Dios y con el prójimo, pero si pensamos de otra manera, no personalizando al enemigo y si reconociéndolo como parte de nuestra realidad podremos ser más eficaces y congruentes con lo que somos.

Si aceptamos que ninguna persona es nuestro enemigo en la fe y que por diversas razones tiene una actitud o ideas diferentes a las nuestras, podemos caminar y avanzar en nuestro ser Iglesia, pero si reconocemos que ciertas actitudes nos causan daño, y deterioran nuestra fe, podremos entonces resolver efectivamente ante el ataque de los enemigos de la Iglesia, recordemos que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva (Cfr. Mt. 5, 20-26).

¿Cuáles son estas enfermedades o enemigos que nos afectan?

La ignorancia es el primer enemigo que debemos reconocer y asumir como parte de nuestro proceso de crecimiento en la fe, es impresionante darse cuenta la poca formación que tiene una persona promedio en su fe.

Si hacemos un cálculo tomando en cuenta con las actividades académicas que tiene un católico en su vida, las horas que se prepara para recibir los sacramentos es quizás para muchos, la única fuente de donde toman su preparación para toda la vida.

En México particularmente, como en algunos otros países el curso de formación para la comunión es de un año, pero en realidad hablamos de 52 fines de semana, y más concretamente solo 2 horas por semana, es decir 104 horas en un año de formación para recibir la 1° comunión.

Si a esto le agregamos la preparación para el matrimonio, cuando se va a ser padrino de bautizo, nos da un total aproximado de 180 horas.

Pero si pensamos que un año tiene 8760 horas, y que la tasa de mortalidad ha aumentado a más de 75 años, la cantidad de horas puede ser exorbitante y más si comparativamente lo vemos con las 180 horas promedio de un católico en toda su vida[1].

Podemos descubrir con claridad lo desnutrida que esta nuestra fe y que va mermando nuestro crecimiento dentro de la Iglesia.

El siguiente enemigo se llama sincretismo, entendido como querer unir dos ideas contrarias en sí mismas y pretender hacer algo nuevo, un ejemplo de esto es el Reiki, Feng shui, y el yin yang[2].

El Reiki es una práctica pseudocientífica que es considerada como medicina complementaria y alternativa, es decir, no científica, que afirma tratar de lograr la sanación o equilibrio del paciente a través de la imposición de las manos del practicante, canalizando cierta supuesta "energía vital universal". Las pruebas clínicas realizadas no han encontrado ningún efecto positivo más allá del placebo[3].

El Yin yang explica que el mundo es dual, solo tiene dos lados, negro y blanco, arriba y abajo, bueno y malo[4] . Desde  la fe católica el mundo es más que blanco y negro, tenemos una diversidad de colores, tenemos una riqueza de posibilidades, creer que solo podemos ser buenos o malos, se empata con una herejía de la predestinación, que  pretende decir “ya estas salvado, no necesitas nada” o “ya eres malo, nada de lo que hagas puede ayudarte” eres blanco o negro. El Jansenismo (herejía condenada por la Iglesia en el siglo XVII).

El Feng shui es una forma de geomancia o adivinación por la tierra,  desarrollada en China. Originalmente era una forma de conocimiento que estudiaba los cambios que ocurren en la naturaleza, el clima y los astros. Los orígenes del Feng shui varían según las fuentes. Por un lado toma la simbología del I ching (o libro de los cambios). Por otro, incorpora los cinco elementos (Wu xing). A partir de la instauración de la república, el Feng shui (junto con otras prácticas tradicionales de la cultura china) fue prácticamente prohibido[5].

Estas son muy comunes, junto con los horóscopos, los amuletos entre otros elementos que congestionan nuestra real y verdadera experiencia de fe, pero que se vincula directamente con ciertas expresiones de religiosidad popular y genera mucho daño en la vida y la salud de la Iglesia.

La religiosidad popular es otro elemento muy dañino para la vida de la Iglesia, ya que es muy común caer en ritualismos baratos que pretenden condicionar a Dios, convirtiendo la fe en algo desvirtuado, lo encontramos en las actitudes de querer solucionar las cosas solo con rezos, sin profundizar en ellos, sin comprenderlos y sin vivir un compromiso real del creyente en su vida y actuar.

Es triste ver como muchas personas siguen algunas apariciones marianas y se justifican en las promesas que se presentan, lamentablemente convirtiéndolas en condicionamientos de la misma vida de fe, y que lejos de ayudar en muchos casos se vuelven contra el mismo individuo en su crecimiento espiritual y que llega a generar un tipo de esclerosis espiritual[6].

La Iglesia está consciente de la acción de Dios y de la Virgen, pero nunca el mensaje se puede alterar o modificar, ya que la revelación máxima de Dios la tenemos en Cristo, el Catecismo de la Iglesia lo explica:

“-La economía cristiana, por ser alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo". Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.
-A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de "mejorar" o "completar" la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia. La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes "revelaciones”[7].

Comprendiendo esto, Cristo es el culmen de la Revelación y cualquier mensaje diferente puede poner en riesgo nuestra vida de fe, nuestra salud espiritual.

Pensemos un poco más detenidamente esto, si la virgen aparece y contrapone al Evangelio posiblemente no sea una revelación real, si la vida en la Iglesia esta vinculada directamente con el ejercicio de todas nuestras capacidades y cualidades espirituales, es decir, vivir los sacramentos, las virtudes, las obras de misericordia, que si están íntimamente ligadas al mensaje de Cristo y de la Iglesia (Mateo 25, 40), lo contrario pone en peligro su veracidad y credibilidad, sea por miedo, dolor, venganza o cualquier otro sentimiento negativo y lejano de Dios.
En este mismo sentido el peligro de vivir solo con religiosidades populares hace que nos convirtamos en un catálogo de oraciones, y se vayan convirtiendo en personas pasivas que repiten sin orden ni sentido, incluso y perdón por la comparación, como periquitos que no se tiene un trasfondo de conversión y que poco a poco se van agregando elementos cayendo en supersticiones o nuevos sincretismos.

Un peligro o enfermedad que está muy arraigada en la vida de la Iglesia es el fideísmo, es decir, querer solo acceder a las verdades de fe de modo radical y sin razonamiento alguno, como si Dios actuara arbitrariamente sobre su propia creación y violentándola a su antojo.

Quienes actúan de esta manera suelen ser muy radicales en su manera de ver y vivir la fe, ya que el argumento base está en “Porque Dios quiere…” sin más razón ni posibilidad de diálogo o comprensión en el creyente. Se suele caer en fundamentalismos bíblicos, y en muchos sentidos las Sagradas Escrituras son mal leídas, sin las correctas herramientas para su lectura, como son las hermenéutica y exégesis bíblicas, y que la Iglesia tiene una gran biblioteca en la que podemos entrar en dialogo y respuesta comprometida a lo que Dios quiere de nosotros.

Este mal presente en la Iglesia no tiene justificación alguna, ya que podemos acceder a una formación básica en todas las parroquias, donde sacerdotes, consagradas y laicos trabajan por vencer esta deficiencia.

Tengamos presente que nuestra fe no debe ser de memoria, sino de comprensión en el amor, y no debemos de conflictuar nuestra vida por los pocos conocimientos que podamos tener, más bien debemos de reconocer nuestras limitaciones y responder a ellas, como lo dice el apóstol san Pedro en su carta: “Dar razones de vuestra esperanza” (1 Pe 3,15).
   
Lo contrario al fideísmo es el secularismo, que es el extremo opuesto y solo se mide la vida desde nuestras propias fuerzas, todo bajo un supuesto razonamiento científico que quiere ignorar todo lo que tenga que ver con la fe, incluso mal entendiendo o justificándola mediante criticas fuera de contexto.

El peligro del secularismo es caer en relativismos y crear nuevos fenómenos ideológicos racionales que lejos de buscar la verdad, generan nuevos mitos, como pasó en muchos casos a la filosofía griega, creando un movimiento gnóstico que en algunos casos lograban desarrollar toda una estructura mental y sistemática, pero con errores de fondo, pero que si logran confundir a muchos.

Estas pseudo ciencias humanas alternativas, son peligrosas, ya que parten de ciertos presupuestos serios, pero que en la gran mayoría son solo placebos o generan ciertas dinámicas en la autoestima, y que lejos de ayudar, confunden más a quien las recibe, congestionando no solo la fe, sino todas las relaciones interpersonales. Ejemplos de esto están en los libros de “autoayuda”, haciendo creer que solos podemos resolver nuestras realidades, y olvidando que somos seres que necesitamos relacionarnos. Lo tiene tan claro la Iglesia que los sacramentos no pueden auto-administrarse, un sacerdote no se puede auto-confesar, siempre necesitamos del otro y de Dios para recibir la Gracia de Dios.
 
Incluso algunos quieren responder a la fe desde fuera de ella, quieren explicar lo que dice la biblia sin comprender plenamente que no es un libro de ciencia, ni de historia, y que se requieren herramientas exegéticas para poder estudiar y analizar a fondo. La Iglesia tiene líneas bien definidas para su estudio y análisis, para profundizar y conocer la revelación.

Otro enemigo o enfermedad es la idea desvirtuada del clericalismo, este mal en la Iglesia afecta mucho tanto a los fieles laicos como al clero, por suponer que los sacerdotes no se pueden equivocar, y en muchas ocasiones se les concede, por llamarlo de alguna manera,  a los curas poderes mágicos, y caemos en una cerrazón a todo lo que digan, si bien es cierto, la formación sacerdotal es ardua, amplia, abarca muchas materias y ciencias humanas y dura muchos años, pero como todo ser humano pueden dudar o incluso tropezar en un comentario, incluso el sumo pontífice solo en ciertos momentos goza de la infalibilidad, por la asistencia del Espíritu Santo, pero humanamente pueden equivocarse.

El peligro no está en su error, sino en que algunas personas crean que un sacerdote no pueda equivocarse y fundamenten su vida solo en lo que el sacerdote diga.

Podemos comprender en muchas ciudades y pueblos, que el sacerdote sea una autoridad y goce de respeto y estima de su comunidad, pero eso no lo exime del error; recuerdo hace años en una misión al sur de México, la comunidad que visite no hablaba español y eso dificultaba mucho predicar y anunciar el evangelio, por lo que el párroco del lugar nos sugería solo enseñar lo básico, las oraciones elementales de iniciación en la fe, y nos decía que para muchas personas en esa comunidad vinculaban al sacerdote con el doctor, de tal manera que cuando iban a confesarse en lugar de decir sus pecados decían sus malestares físicos, y si bien es cierto el sacerdote sana “in persona Christi” (en la persona de Cristo), solo es en momentos determinados y particulares como al celebrar los sacramentos.

Podemos comprender el desconocimiento de estas personas en una zona aislada de México o de muchos otros países y lugares, en su formación en la fe,  pero también es parte importante de muchos sacerdotes mostrar más a “Cristo Buen Pastor” o una imagen de Cristo más empática, a una que sea muy rígida y distante.     

Tengamos presente que he hablado en plural al referir a estas enfermedades y peligros en la Iglesia, de tal manera que todos somos responsables y en alguna medida estamos infectados, contaminados o influenciados por estos males, sabemos que Dios no nos abandona, que el Espíritu Santo nos ilumina y alienta a seguir, pero debemos de ser sinceros y reconocer nuestra fragilidad y debilidad.

Lamentablemente podemos encontrar muchos otros males que debemos resolver como Iglesia, pero siempre desde la unidad, en el respeto, en el conocimiento de Dios, guiados por el Magisterio de la Iglesia, iluminados por las Sagradas Escrituras y fortalecidos por la Sagrada Tradición.

Recordemos el evangelio: “No teman, no hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido” (Mt 24,26).





[1] Cfr. http://www.golgotaonline.com/las-horas
[2] http://revteo-sapientiaetfidem.blogspot.mx/2014/01/los-propositos-de-ano-nuevo.html
[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Reiki
[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Yin_y_yang
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Feng_shui
[6] Esclerosis: enfermedad que afecta a nivel neuronal, el sistema nervioso e impide la movilidad del cuerpo, al referir a lo espiritual, son las situaciones que nos impiden caminar o movernos en el desarrollo de la fe.
[7] CEC #66-67

domingo, 20 de julio de 2014

El hombre necesita a Cristo... Entrevista con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

El hombre necesita a Cristo porque
tiene deseo del infinito

Entrevista con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe -Cardenal Ratzinger:

ROMA, 16 diciembre 2003 (ZENIT.org).- En su último libro «Fe, verdad, tolerancia - El cristianismo y las religiones del mundo» («Fede, verità, tolleranza - Il cristianesimo e le religioni del mondo», editorial Cantagalli), publicado recientemente en italiano, el cardenal Joseph Ratzinger interviene en los principales temas del momento: la relación entre las religiones, los riesgos del relativismo y el papel que el cristianismo puede jugar.

Son cuestiones que el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe abordó también en una entrevista concedida a Antonio Socci, publicada íntegramente en «Il Giornale» el pasado 26 de noviembre. Por su interés, reproducimos el texto difundido por el diario milanés. 

--Eminencia, hay una idea que se ha afirmado en la alta cultura y en el pensamiento común según la cual las religiones son todas vías que llevan hacia el mismo Dios, de forma que lo mismo vale una que otra. ¿Qué piensa, desde el punto de vista teológico? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Diría que incluso en el plano empírico, histórico, no es cierta esta concepción, muy cómoda para el pensamiento de hoy. Es un reflejo del relativismo difundido, pero la realidad no es ésta porque las religiones no están de una forma estática, una junto a otra, sino que se encuentran en un dinamismo histórico en el que se convierten también en desafíos la una para la otra. Al final, la Verdad es una, Dios es uno, por ello todas estas expresiones tan diferentes, nacidas en diversos momentos históricos, no son equivalentes, sino que son un camino en el que se plantea la cuestión: ¿dónde ir? No se puede decir que son caminos equivalentes porque están en un diálogo interior, y naturalmente me parece evidente que no pueden ser medios de salvación cosas contradictorias: la verdad y la mentira no pueden ser de la misma forma vías de salvación. Por ello, esta idea sencillamente no responde a la realidad de las religiones y no responde a la necesidad del hombre de encontrar una respuesta coherente a sus grandes interrogantes. 

--En varias religiones se reconoce el carácter extraordinario de la figura de Jesús. Parece que no es necesario ser cristiano para venerarlo. ¿Entonces no hay necesidad de la Iglesia? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Ya en el Evangelio encontramos dos posturas posibles referentes a Cristo. El Señor mismo distingue: qué dice la gente y qué decís vosotros. Pregunta qué dicen aquellos que Le conocen de segunda mano, o de manera histórica, literaria, y después qué dicen aquellos que Le conocen de cerca y han entrado realmente en un encuentro verdadero, tienen experiencia de Su verdadera identidad. Esta distinción permanece presente en toda la historia: existe una impresión desde fuera que tiene elementos de verdad. En el Evangelio se ve que algunos dicen: «es un profeta». Así como hoy se dice que Jesús es una gran personalidad religiosa o que hay que contarlo entre los «avataras» --las múltiples manifestaciones de lo divino--. Pero los que han entrado en comunión con Jesús reconocen que existe otra realidad, es Dios presente en un hombre. 

--¿No es comparable con las otras grandes personalidades de las religiones? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Son muy distintas unas de otras. Buda, en sustancia, dice: «Olvidadme, id sólo sobre el camino que he mostrado». Mahoma afirma: «El señor Dios me ha dado estas palabras que verbalmente os transmito en el Corán». Y así. Pero Jesús no entra en esta categoría de personalidades ya visible e históricamente diferentes. Menos aún es uno de los «avataras», en el sentido de los mitos de la religión hinduista. 

--¿Por qué? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Es una realidad del todo distinta. Pertenece a una historia, que comienza desde Abraham, en la cual Dios muestra su rostro, Dios se revela como una persona que sabe hablar y responder. Y este rostro de Dios, de un Dios que es persona y actúa en la historia, encuentra su cumplimiento en el instante en que Dios mismo, haciéndose hombre Él mismo, entra en el templo. Por lo tanto, incluso históricamente, no se puede asimilar a Jesucristo con las diversas personalidades religiosas o con las visiones mitológicas orientales. 

--Para la mentalidad común, esta «pretensión» de la Iglesia –que proclama a «Cristo, única salvación»-- es arrogancia doctrinal. 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Puedo entender los motivos de esta moderna visión que se opone a la unicidad de Cristo, y comprendo también una cierta modestia de algunos católicos para los cuales «nosotros no podemos decir que tenemos una cosa mejor que los demás». Además, existe también la herida del colonialismo, período durante el cual algunos poderes europeos, en función de su poder mundial, instrumentalizaron el cristianismo. Estas heridas han permanecido en la conciencia cristiana, pero no deben impedirnos ver lo esencial. Porque el abuso del pasado no debe impedir la comprensión recta. El colonialismo –y el cristianismo como instrumento de poder— es un abuso. Pero el hecho de que se haya abusado de ello no debe cerrar nuestros ojos frente a la realidad de la unicidad de Cristo. Sobre todo debemos reconocer que el Cristianismo no es una invención nuestra europea, no es un producto nuestro. Es siempre un desafío que viene de fuera de Europa: al principio, vino de Asia, como bien sabemos. Y se encontró inmediatamente en contraste con la sensibilidad dominante. Aunque después Europa fue cristianizada, siempre quedó esta lucha entre las propias pretensiones particulares, entre las tendencias europeas, y la novedad siempre nueva de la Palabra de Dios que se opone a estos exclusivismos y abre a la verdadera universalidad. En este sentido, me parece que debemos redescubrir que el cristianismo no es una propiedad europea. 

--¿El cristianismo contrasta también hoy con la tendencia al cerramiento que hay en Europa? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: El cristianismo es siempre algo que viene realmente de fuera, de un acontecimiento divino que nos transforma y se opone incluso a nuestras pretensiones y a nuestros valores. El Señor cambia siempre nuestras pretensiones y abre nuestros corazones a Su universalidad. Me parece muy significativo que en este momento el Occidente europeo sea la parte del mundo más opuesta al cristianismo, precisamente porque el espíritu europeo se ha autonomizado y no quiere aceptar que haya una Palabra divina que le muestre un camino que no siempre es cómodo. 

--Evocando a Dostoevskij, me pregunto si un hombre moderno puede creer, creer verdaderamente que Jesús de Nazaret es Dios hecho hombre. Se percibe como un absurdo. 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Cierto; para un hombre moderno es una cosa casi impensable, un poco absurda y fácilmente se atribuye a un pensamiento mitológico de un tiempo pasado que ya no es aceptable. La distancia histórica hace más difícil pensar que un individuo que vivió en un tiempo lejano pueda estar ahora presente, para mí, y que sea la repuesta a mis preguntas. 

Me parece importante observar que Cristo no es un individuo del pasado lejano a mí, sino que ha creado un camino de luz que invade la historia empezando por los primeros mártires, con estos testigos que transforman el pensamiento humano, ven la dignidad humana del esclavo, se ocupan de los pobres, de los que sufren y llevan así una novedad en el mundo también con el propio sufrimiento. Con esos grandes doctores que transforman la sabiduría de los griegos, de los latinos, en una nueva visión del mundo inspirada justamente por Cristo, que encuentra en Cristo la luz para interpretar el mundo, con figuras como San Francisco de Asís, que ha creado el nuevo humanismo. O figuras también de nuestro tiempo: pensemos en Madre Teresa, Maximiliano Kolbe... 

Es un ininterrumpido camino de luz que hace camino en la historia y una ininterrumpida presencia de Cristo, y me parece que este hecho –que Cristo no se ha quedado en el pasado, sino que ha sido siempre contemporáneo con todas las generaciones y ha creado una nueva historia, una nueva luz en la historia, en la cual está presente y siempre contemporáneo— hace entender que no se trata de cualquiera grande en la historia, sino de una realidad verdaderamente Otra, que lleva siempre luz. Así, asociándose a esta historia, uno entra en un contexto de luz, no se pone en relación con una persona lejana, sino con una realidad presente. 

--¿Por qué, en su opinión, un hombre del 2003 necesita a Cristo? 

--Cardenal Joseph Ratzinger: Es fácil advertir que las cosas que proporciona sólo un mundo material o incluso intelectual no responden a la necesidad más profunda, más radical que existe en todo hombre: porque el hombre tiene el deseo –como dicen los Padres— del infinito. Me parece que precisamente nuestro tiempo, con sus contradicciones, sus desesperaciones, su masivo refugiarse en callejones como la droga, manifiesta visiblemente esta sed del infinito, y sólo un amor infinito que sin embargo entra en la finitud, y se convierte directamente en un hombre como yo, es la respuesta.

Es ciertamente una paradoja que Dios, el inmenso, haya entrado en el mundo finito como una persona humana. Pero es precisamente la respuesta de la que tenemos necesidad: una respuesta infinita que, sin embargo, se hace aceptable y accesible, para mí, «acabando» en una persona humana que, con todo, es el infinito. Es la respuesta de la cual se tiene necesidad: casi se debería inventar si no existiera... 


domingo, 22 de junio de 2014

Dios a la carta: Espiritualidad y mística actual

Dios a la carta

Mística y espiritualidad


La realidad que vive el mundo actual, pareciera que se ha convertido en un gran menú en el cual puedo escoger al antojo la experiencia que quiero tener, convirtiendo la libertad en un acto de autosatisfacción muy lejana de la autorrealización.

Esta mal entendida libertad individual, de la que se derivan muchas ideas que simplemente se reducen a una opinión, que en algunos casos puede ser muy valiosa, pero que solo es eso, y que nos delimita al grado de estar en un relativismo total: “todos los valores, culturas o creencias son válidos en tanto que me son útiles y sólo durante el tiempo que me son útiles. Siempre pueden ser cambiados, abandonados o recuperados”.

Los fenómenos externos, religiosos, culturales, políticos y económicos, van permeando este proceso, cayendo en sincretismos que llegan a la vulgaridad y extravagancia que lejos de motivar una identidad propia, parece un recorte de muchos periódicos y revistas.

La necesidad de sentirse vivo, ha hecho que caigamos en verdaderos extremos donde la dignidad humana es lo último que nos preocupa, haciendo una amalgama de pensamientos, ideologías, sentimientos, religiones y experiencias pseudo religiosas, que lejos de fortalecernos debilitan y fragmentan convirtiéndonos en esclavos de nosotros mismos.

Uniendo ideas tan contrarias y opuestas entre sí en el que solo se busca el bienestar del individuo (físico, psicológico y emocional) pero no como un desarrollo humano trascendente, sino como algo momentáneo y pasajero que cuando se nos pide algo que no nos gusta o agrada simplemente lo cambiamos, la manera más simple de vivir el utilitarismo.

La sensación de sentirme bien es superada por el hacer el bien, y disfrazamos el compromiso social con actitudes que en el fondo tiene egoísmo y protagonismos donde usamos al prójimo para retratarnos cuando hacemos nuestra buena obra o retratamos nuestra imagen como símbolo de bienestar haciendo un cóctel de esoterismo, astrología, pseudociencias, dietas de adelgazamiento, técnicas orientales, psicoterapias timadoras, y rollos de superación personal que solo miran el momento, no el destino final del hombre.
 
Queremos leer o interpretar los acontecimientos del mundo bajo ópticas muy variadas, algunas con vidrios muy amarillos o rojizos, queriendo justificar por un supuesto destino que tiene todo puesto en el cual somos títeres de alguien más y que fácilmente culpamos a Dios, reduciéndolo a nuestras necesidades  y miserias, al que tengo que decirle qué y cómo hacer, porque parece que ya se olvido de cómo ser Dios y de todo eso malo él es el único responsable.

Las experiencias de malestar se ha convertido para muchos en una permanente, presionados por las estructuras deshumanizantes, las noticias muestran muchas razones que generan más desánimo, creando miedo, odios, venganzas y rencores que van dañando nuestra relación con los demás y complican nuestras relaciones interpersonales.

Es lamentable que cada día menos personas quieran comprometerse con el otro, en relaciones estables, en vínculos de vida que nos ayuden a perfeccionar y crecer como personas, recordando que esta vida no es nuestro destino final.

La vocación es el llamado a perfeccionarnos con los vínculos que generamos con los que nos rodean, un sacerdote o religiosa se perfecciona al entregar su vida por la Iglesia, por su comunidad, al hacer presente el Evangelio, llevar la buena nueva a los mas necesitado, cualquier actitud diferente a esta tarea, es contra el mismo, una pareja se perfecciona al entregarse y vivir el compromiso del amor, así como Dios ama a la Iglesia y ese amor engendra, así el amor conyugal.

La crítica se ha convertido en burla, en ofensa que no responsabiliza ni muestra el compromiso de vida, ni alienta a mejorar. Es triste ver como las redes sociales juegan con la distorsión de la verdad, con una imagen, divide más que enriquecer.

Parece que la dinámica actual es la descalificación del otro que no es como yo, eliminar sin propuesta, esperar el error ajeno que debilita y que no genera cosas positivas, proyectos, investigación, creatividad que desarrolla, y sea innovadora.

En esta realidad es donde encontramos inmersa la espiritualidad y mística, en que la rapidez de los medios de comunicación abruma y no dan paso a la reflexión, donde la exhibición  es justificada, mostrar sin pensar en las consecuencias.

Ante este marco debemos de reconocer la posibilidad de vivir una espiritualidad comprometida, purificada de los elementos que la distorsionan, evitando sincretismos religiosos, fortaleciendo todas las áreas de nuestra vida.

Me preguntaba una persona si la Iglesia no tiene libros de superación personal, la respuesta es que no lo hay de modo literal, pero sin lugar a dudas el Evangelio es la superación máxima del hombre, el ejercicio de las virtudes nos identifica y perfeccionan haciendo que experimentemos nuestras propias capacidades y replantemos metas diferentes.

Una mística es la experiencia y vivencia del misterio, el momento personal y único en que experimentamos a Dios, y a pesar de ser individual, tiene un elemento comunitario que alienta y fortalece.

Ejemplos de esto lo encontramos en muchos hombres y mujeres que teniendo una experiencia personal mística- redefinen su entorno, una actualización de nuestra relación con Dios generando una espiritualidad que abarca todas las áreas del hombre, físicas, afectivas, materiales y sociales.

Digámoslo más simple: la mística responde con el compromiso de haber tenido una experiencia personal con Dios, la espiritualidad es la unidad de esta experiencia en todas las áreas y momentos de la vida de conversión.

Si pensamos que la espiritualidad es tener de memoria muchas oraciones y actos piadosos, posiblemente no hemos entendido nada, cuando en realidad nos debe mover a vincularnos con todos los que nos rodean, este elemento puede es esencial de una experiencia plena de Dios.

Si alguna persona siente rivalidad con otra espiritualidad, posiblemente no sea real, lo mismo que pasa en los movimientos y asociaciones en la Iglesia, no pueden tener diferencias entre ellas, ya que responden a realidades diferentes, sea para matrimonios, jóvenes, adultos, solteros, niños, etc.

Si nos preocupamos como pasó en el evangelio con los discípulos pensando quien es el más importante, posiblemente estemos perdiendo de vista toda nuestra razón de ser:
-"¿De qué discutíais por el camino?" Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: "Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos." -(Mc 9, 33-35)

Parece simple, ser el servidor, sin vanidades, sin egoísmos, sin soberbias de por medio, seria tan absurdo como decir que una madre da de comer a sus hijos para que los vecinos la feliciten, o pensar que un sacerdote celebra los sacramentos pensando en el aplauso.

Vivir una espiritualidad es tener la certeza de que actuamos conforme a lo que Dios nos pide en una realidad determinada, como quien sirve en un hospital, o en un orfanato, lo mismo que en su familia con sus hijos y hermanos. Hacer lo que nos toca, con amor, alegría, sencillez y humildad de corazón.

La mística es esa experiencia personal con Dios, y se puede tener de muchas formas, algunos la tienen en un retiro, o en un momento difícil en la vida y lo experimentan, por lo que vivir un momento personal con Dios revela su amor de Padre.

La Iglesia tiene grandes ejemplos que a pesar de las limitaciones humanas después de tener la experiencia hay un cambio, conversión, renovación, actualización de la vida, los santos son un ejemplo de esto, después de vivir de cierta manera, tienen su experiencia de Dios y cambian “metanoia”  que se traduce del griego como cambio de mente, conversión, y nunca se contrapone con otra vivencia mística o de Dios.

No podría imaginar a san Francisco pensando que es mejor su espiritualidad a la de san Benito, o san Ignacio  de Loyola peleando con san Juan de la Cruz. Cada místico tiene una experiencia personal que se une a la Iglesia entera, y responde a un momento determinado de la historia, una circunstancia particular en la que se renueva la Iglesia.

En esta respuesta esta la trascendencia ansiada del hombre, en encontrar a Dios en la actualidad, en el pedacito de mundo que nos ha sido confiado, y del cual nos pedirán cuentas.

La espiritualidad no es algo teórico, más bien es algo que compromete todas las dimensiones de la existencia: Identidad, conciencia, actitudes, relaciones, escala de valores, lo contrario en muchos casos seria reducirla a solo memorizar oraciones sin comprender lo que implica el ejercicio de las virtudes.

Si tenemos la vivencia de Dios en nuestras vidas, podemos caminar bajo la asistencia del Espíritu Santo que nos alienta a seguir, a pesar de que podamos caer en el error, si tenemos la humildad podremos retomar el camino con el seguimiento de Cristo, los valores evangélicos, la eclesialidad, la vivencia sacramental, lo contrario es caminar bajo nuestras propias fuerzas, con nuestras limitaciones humanas, bajo una racionalidad influenciada y condicionada por el miedo que lejos de nutrir, nos debilita.

Los retos son muchos, las realidades nos presentan situaciones complejas, difíciles, incluso dolorosas, donde todos los sectores de la sociedad están metidos, directa o indirectamente, sea política, cultura, sociedad, religión, economía, en los que debemos comprometernos y responder.

Cada santo logró descubrir esto en su vida, en la sociedad en la que le toco vivir y responder, transformarla, encontrar a Cristo en el enfermo, en el que sufre, en el abandonado, haciendo vida el Evangelio con las obras de misericordia.

Es curioso como algunas personas le dan mayor peso a las palabras de líderes de otras religiones o filosofías orientales, sin conocer de fondo la riqueza que tenemos en nuestra propia fe,  la profundidad del Evangelio, el sabor que cada santo descubre al hacerlo vida, tener el alimento justo y necesario, es una forma de desprecio por algo más barato.

Mística y espiritualidad están unidas en la actualización de nuestras vidas en el encuentro con Dios, sin mezclas ni amalgamas que solo condicionan nuestra libertad, que nos aferran a este mundo, cuando debemos tener presente que la Iglesia esta viva, y debemos ser heraldos de buenas noticias.

Dejemos que Dios haga su parte, haciendo lo que nos corresponde, y todo estará bien, como lo dice Jesús en el Evangelio: “echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.” (Cfr. Mt. 9, 17b).

Dios está vivo, la Iglesia está viva, y el Espíritu Santo renueva la faz de la tierra, por lo que debemos estar atentos, para reconocer como se manifiesta Dios en nuestras vidas y ¿Cómo debemos responderle, si vivimos la fe, la esperanza y la caridad? o ¿Solo somos un catálogo de fórmulas mágicas o de oraciones sin comprensión?

La oración siempre debe movernos a la acción, de otra forma es estéril, se queda en un buzón de sugerencias y quejas para Dios, vivir una espiritualidad es asumir la parte que nos toca en el mundo y responder con nuestro testimonio de vida, comprometidos y responsables, para que cuando oremos con fuerza, valor y compromiso para ser actores y protagonistas en este mundo tan lastimado y fragmentado.

Carlos Escorza Ortiz

Teólogo

lunes, 16 de junio de 2014

EL PAPA RECIBE AL PRIMADO DE LA IGLESIA ANGLICANA

EL PAPA RECIBE AL PRIMADO DE LA IGLESIA ANGLICANA: GRANDES SANTOS, MAESTROS Y COMUNIDADES ATESTIGUAN NUESTRAS RAÍCES COMUNES
Ciudad del Vaticano, 16 junio 2014 (VIS).- La constatación de que el objetivo de la unidad plena puede parecer lejano pero es siempre la meta del camino ecuménico, y la preocupación común por los males de la humanidad, en particular el tráfico de seres humanos, han sido algunos de los temas claves del encuentro del Santo Padre con Su Gracia Justin Welby, arzobispo de Canterbury, esta mañana en el Vaticano.
''También a nosotros el Señor parece preguntarnos: ¿'De que discutíais durante el camino'? -ha dicho Francisco- Cuando Jesús planteó esa pregunta, sus discípulos se callaron porque se avergonzaban ya que estaban hablando de quien sería el más grande entre ellos. Nosotros también estamos confusos por la distancia que hay entre la llamada del Señor y nuestra pobre respuesta. Ante su mirada misericordiosa no podemos fingir que nuestra división no sea un escándalo, un obstáculo al anuncio del Evangelio de la salvación al mundo. No es raro que nuestra vista se ofusque con el peso que acarrea la historia de nuestras divisiones y nuestra voluntad no siempre está libre de esa ambición humana que, a veces, acompaña nuestro deseo de anunciar el Evangelio según el mandamiento del Señor''.
A pesar de estos claroscuros, ''el Espíritu Santo nos da fuerzas para no desalentarnos y nos invita, a confiar plenamente en su acción potente. Como discípulos que se esfuerzan por seguir al Señor -ha observado el Papa- sabemos que la fe ha llegado a nosotros a través de muchos testigos. Somos deudores de grandes santos, maestros y comunidades que nos han transmitido la fe en el curso de los siglos y que atestiguan nuestras raíces comunes''.
El Obispo de Roma recordó a este propósito que ayer el arzobispo de Canterbury celebró las vísperas en la iglesia romana de San Gregorio en el Celio, desde la cual el Papa Gregorio Magno envió al monje Agustín y a sus compañeros a evangelizar a los pueblos de Inglaterra ''dando origen a una historia de fe y de santidad de la que se habrían beneficiado muchas otras gentes europeas. Un camino glorioso que ha dejado una huella profunda en las instituciones y tradiciones eclesiales que compartimos y que constituyen un sólido fundamento para nuestra fraternidad''.
Sobre bases como esas y con el apoyo de la Comisión internacional anglicano católica y la Comisión internacional anglicano católica para la unidad y la misión, se pueden examinar con espíritu constructivo ''los viejos y nuevos retos del compromiso ecuménico'', ha añadido Francisco para entrar después en un argumento que causa el mismo ''horror'' al arzobispo Welby, la plaga del tráfico de seres humanos y las formas modernas de esclavitud, denunciada varias veces por el prelado anglicano.
''En este vasto campo de acción, que se presenta en toda su urgencia se han puesto en marcha actividades de cooperación muy significativas, sea en ámbito ecuménico que con las autoridades civiles y las organizaciones internacionales'', ha subrayado el Papa, citando en particular la red de acción contra la trata de mujeres creada por numerosos institutos religiosos femeninos. ''Nos comprometemos a perseverar en la lucha a las nuevas formas de esclavitud y confiamos en contribuir a ayudar a las víctimas y a contrastar este trágico comercio. Como discípulos enviados a sanar un mundo herido -ha concluido- doy gracias a Dios que nos ha hecho capaces de hacer un frente común contra esta plaga gravísima, con perseverancia y determinación''.